miércoles, 7 de septiembre de 2011

Meditación del 8 de septiembre del 2011

11-09-08. JUEVES.
NATIVIDAD DE LA VIRGEN MARÍA.
Mt 1, 18-23.

DIOS CONTIGO Y TU FAMILIA

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

Evangelio: Mateo 1, 18-23. Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de vivir juntos, sucedió que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el ángel del Señor le dijo en sueños: «José, hijo de David, no dudes en recibir a María como tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por el profeta Isaías: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir «Dios-con-nosotros».

LEER. Después de la Anunciación a la Virgen María, donde Ella queda embarazada de Jesús, José con quien estaba desposada, sabe que no es su Hijo y decide abandonarla. Un ángel en sueños le pide que acepte a María y a su Hijo, pues Él es el Emmanuel: “Dios está con nosotros”.

MEDITAR: El texto evangélico nos sitúa en el momento en que José acepta ser el Padre Adoptivo de nuestro Señor Jesucristo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, “Dios con nosotros”.

Destaco cómo Dios no nos impone nada, “nos pide” que aceptemos su voluntad y por otro lado como al hacer su voluntad, Dios mismo se hace presente en nosotros.

En el caso de José le pedirá que acepte una paternidad, que humanamente no le corresponde. Él la acepta y su misión será fundamental para manifestar con claridad el designio de Dios sobre la paternidad y la familia.


La familia, sustentada en el matrimonio, unión de un hombre y una mujer, es la cuna de la vida y del amor, donde la propia sexualidad adquiere su plenitud complementaria en la entrega mutua abierta a la fecundidad y no sólo al placer. Es el espacio donde la vida de un nuevo ser es deseada y una vez concebida, en el seno materno, es vista como una bendición y es esperada y recibida como una expresión del Dios con nosotros. Ciertamente cada ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios, por eso, en la medida que amamos a nuestro hermano amamos a Dios. Cuando una mujer ama a su esposo y él a ella, ambos están amando a Dios en la persona más cercana, aquella con la que se han comprometido a estar unidos por toda la vida en fidelidad.

Cuando Dios bendice a los esposos con el don de los hijos, en cada uno de ellos, se percibe la manifestación del Emmanuel y en cada uno de ellos pueden amar a Dios.

Fiel a su Palabra: “donde hay dos o más reunidos en mi nombre, ahí estoy Yo”, Jesús es el Emmanuel que fortalece la unión de quienes se casaron en su Nombre. Cuando el matrimonio, engendra uno o más hijo(a)s, la presencia del Emmanuel se acrecienta y adquiere nuevos matices en cada mirada, en cada sonrisa, en cada paso del niño que confiado en sus padres les dice: papá, mamá. Sino pregúntenle a cada padre o madre de familia.

ORAR: Señor Jesús, Tú quisiste nacer en una familia y para ello quisiste contar con la presencia libre y amorosa de tu padre adoptivo: san José y de la aceptación libre de la maternidad divina de la Virgen María: concede a cada joven varón valorar su capacidad generativa, de tal manera que libremente reservándose para la mujer con la que ha de formar un matrimonio, pueda descubrir, junto a su esposa el hermoso don de la paternidad. Señor Jesús, engendrado en el seno purísimo de la Virgen María, concede a cada una de nuestras jóvenes, la valoración de su intimidad de tal manera que abiertas al don del amor, libremente sepan conservarse puras y engendrar a sus hijos en medio de la sacralidad del matrimonio cristiano.

CONTEMPLAR: No deja de llamar la atención que ante el aumento de madres solteras, en lugar de invitar a la responsable paternidad del hombre; o a la mujer, para que ella misma se valore y respete; las soluciones que se propongan sean: el uso de preservativos, de anticonceptivos o en última instancia del aborto. Estas “soluciones” lo único que hacen es incrementar la visión cosificante hacia la mujer, la cual, así, es vista como un objeto de placer para el hombre. Parecería que entonces a la mujer “se le quiere” pero “estéril”; se le “aprecia” como fuente de placer pero no como persona.

Por lo que se refiere al hombre, con esas “soluciones” se promueve un tipo de machismo donde, se queda en una eterna inmadurez, al buscar sólo el placer y nunca la responsabilidad, pues no ve, ni verá, a la mujer como compañera para toda la vida o madre de sus hijos.

La propuesta de Dios sobre la familia, la mujer y el hombre y el matrimonio, son un patrimonio para la humanidad, que la Iglesia Católica ofrece al mundo y que cada bautizado, hombre y mujer ha de testimoniar como ejemplo de la presencia del Emmanuel en su vida.

ACTUAR: En este día, para redimensionar mi papel cristiano como hombre o mujer y hacer presente en mi entorno, el plan amoroso de Dios, procuraré revisar mis ideas sobre la sexualidad humana, el matrimonio, los hijos, la familia y el uso de los preservativos, de los anticonceptivos y del aborto, para dejar que sean iluminadas con las enseñanzas del Evangelio. Y si en algo he fallado, le pediré perdón a Dios y redireccionaré mi vida hacia el auténtico amor que brota de Dios que está en medio de nosotros, el Emmanuel. Si es posible comentaré mis conclusiones con la gente joven de mi alrededor.

Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. M. María Inés Teresa Arias.

Seguimos el esquema de la Lectio Divina: Leer, meditar, orar, contemplar y actuar.
Leer, es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en contexto.
Meditar es reflexionar sobre lo que el texto bíblico me dice.
Orar: Es responder a la Palabra, qué le digo a Dios: es petición, intercesión, agradecimiento, alabanza, etc.
Contemplar el reto de llegar a la conversión de la mente, del corazón y de la vida, según el Corazón de Cristo.
Actuar, es mi compromiso por hacer vida la Palabra de Dios.

martes, 6 de septiembre de 2011

Meditación del 7 de septiembre del 2011

11-09-07. MIÉRCOLES XXIII.
Lc 6, 20-26.

LA AUTÉNTICA FELICIDAD ESTÁ EN CONFIAR EN DIOS

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

Evangelio: Lucas 6, 20-26: En aquel tiempo, mirando Jesús a sus discípulos, les dijo: «Dichosos ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Dichosos ustedes lo que ahora tienen hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes los que lloran ahora, porque al fin reirán. Dichosos serán ustedes cuando los hombres los aborrezcan y los expulsen de entre ellos, y cuando los insulten y maldigan por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el Cielo; pues así trataron sus padres a los profetas. Pero, ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen ahora su consuelo! ¡Ay de ustedes, los que se hartan ahora, porque después tendrán hambre! ¡Ay de ustedes, los que ríen ahora, porque llorarán de pena! ¡Ay de ustedes, cuando todo el mundo los alabe, porque de ese modo trataron sus padres a los falsos profetas!».

MEDITAR: El Señor Jesús dirige esta enseñanza a sus discípulos, la cual podemos dividir en dos partes; las Bienaventuranzas y los “hayes” de Jesús. En relación de san Mateo (Mt 5, 1-12) que pone ocho bienaventuranzas, san Lucas, sólo mencionará 4, dirigidas a los: “pobres”, a lo que tienen “hambre”, a los que “lloran” y a los “perseguidos”. A estas cuatro bienaventuranzas, se contraponen cuatro “hayes” de Jesús, denominados así porque cada idea inicia con un “hay” y se dirige a los “ricos”, a los que se “hartan”, a los que se “ríen” y a los que son “alabados”.

Claramente se entiende que Jesús no está haciendo una distinción sociológica, sino una contraposición entre los “anawin” en búsqueda de Dios y los “llenos de todo” alejados de Dios. Cuatro bienaventuranzas, cuatro “hayes”.

Para los “anawin” o “pobres de Yahvéh” su única riqueza es tener a Dios, por lo que creen en Él, le creen a Él, confían en Él y para ellos, tenerlo a Él es lo esencial. El “anawin” por excelencia es Jesús, Quien junto con la Virgen María, se distingue entre los “anawin”, del Antiguo y el Nuevo Testamento, así como de entre los modernos “anawin” que son los santos.

Ser “anawin” es tener un corazón lleno del amor de Dios y por mismo vacío de odios, rencores, avaricia, egoísmo y todo tipo de excesos. Ser “anawin” es confiar en Dios y que Él sea la única riqueza.
El término “anawin” de origen hebreo, actualmente,  bien puede ser traducido por “bienaventurado(a)” que significa la persona plenamente feliz porque tiene a Dios y sólo Él le basta. También se puede entender como “santo” = consagrado a Dios. Es interesante que la Iglesia en los procesos de canonización, distinga entre “beatos” y “santos”. A los primeros les concede un culto local y a los santos, universal.

Visto de esta manera, el “anawin” es el santo, es la persona que independientemente de que tenga cosas materiales o no, su único interés en todo “amar y servir a Dios” (san Ignacio de Loyola). Alguien que no tiene bienes materiales, pero codicia tenerlos y vive enojado y contrariado con todos y con todo, no es un “anawin”. Alguien que teniendo bienes materiales, los administra, los acrecienta y los pone al servicio de los demás, sin apegarse a ellos, buscando la voluntad de Dios, puede ser un “anawin”. La diferencia no está en el tener cosas o no, sino en el tener el corazón lleno de Dios.

Quien así vive, tenga cosas o no, es un “anawin”. En la Iglesia hay infinidad de santos pobres materialmente: san Isidro Labrador, San Pascual Bailón y su esposa, ambos campesinos, santa Rita, sirvienta. Hombres y mujeres ricos que abandonaron todo: san Francisco, santa Teresa, san Antonio: Reyes y reinas que gobernaron sabiamente: santa Margarita de Escocia, san Luis, Rey de Francia. Contemporáneos que pese a las adversidades en sus países, tanto por guerras como por persecuciones religiosas dieron testimonio de su fe, los beatos Teresa de Calcuta y Juan Pablo II, lo mismo que nuestra misionera mexicana sin fronteras que pronto será beatificada: Madre María Inés Teresa Arias.

Todos ellos y muchos más independiente, de las realidades que vivieron, lo mismo que sus diversas condiciones económicas, fueron “anawin” y por eso la Iglesia los reconoce como santos y beatos. Su ejemplo nos anima, porque significa que tú y yo, en el seguimiento de Jesús, podemos ser plenamente felices, si auténticamente procuramos ser “anawin”.

ORAR: Hoy, en lugar de poner una oración propia, hagamos nuestra una de las oraciones de una “anawin”, del siglo XVI. Teresa de Ávila. Ojalá te des un espacio para hacer tu propia oración “anawin”.

Tuyo(a) soy, para Ti nací, ¿Qué mandas hacer de mí? Dame muerte, dame vida: Dame salud o enfermedad; dame honra o deshonra; dame guerra o paz crecida; flaqueza o fuerza cumplida, Que a todo digo que sí. ¿Qué quieres hacer de mí?

Dame riqueza o pobreza, dame consuelo o desconsuelo; dame alegría o tristeza; dame infierno o dame Cielo; vida dulce o sol sin velo; pues del todo me rendí. ¿Qué mandas hacer de mí?
Si quieres, dame oración, sino, dame sequedad; si abundancia y devoción, y si no esterilidad. Soberana Majestad, sólo hallo paz aquí, ¿Qué mandas hacer de mí?

Dame, pues, sabiduría, o por amor, ignorancia; dame años de abundancia o de hambre y carestía; dame tiniebla o claro día; ponme aquí o allí ¿Qué mandas hacer de mí?
Si quieres que esté descansado(a), quiero por amor descansar. Si me mandas trabajar, morir quiero trabajando. Dime, ¿dónde, cómo y cuándo? Di, dulce Amor, di. ¿Qué mandas hacer de mí?
Tuyo(a) soy, para Ti nací, “¿Qué mandas hacer de mí?” Santa Teresa de Ávila.

”Sólo Dios basta”. Santa Teresa de Ávila.

Recuerda. Escribe o piensa tu propia oración “anawin”.

CONTEMPLAR: Los santos son testigos del amor de Dios en sus vidas. Al ser personas plenamente realizadas, por lo mismo son felices. La clave para que también tú, yo y todos seamos felices está en buscar y encontrar la auténtica felicidad en Dios.

Identifiquemos nuestras “riquezas” que nos impiden abandonarnos en Dios, reconozcamos que más bien son “miserias” a las estamos apegados y hoy pidámosle la gracia a Dios de ser los nuevos “anawin”, pues queremos ser felices, queremos ser santos.

ACTUAR: Me daré un tiempo para reflexionar sobre el cambio de vida si pongo mi corazón en el Corazón de Jesús, el “ANAWIN” por excelencia y si al igual que la Virgen María y los santos, confío en Dios, administro los dones y bienes que me ha dado y en todo procuro su Gloria.

Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. M. María Inés Teresa Arias.

Seguimos el esquema de la Lectio Divina: Leer, meditar, orar, contemplar y actuar.
Leer, es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en contexto.
Meditar es reflexionar sobre lo que el texto bíblico me dice.
Orar: Es responder a la Palabra, qué le digo a Dios: es petición, intercesión, agradecimiento, alabanza, etc.
Contemplar el reto de llegar a la conversión de la mente, del corazón y de la vida, según el Corazón de Cristo.
Actuar, es mi compromiso por hacer vida la Palabra de Dios.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Meditación del Evangelio del 6 de septiembre del 2011

11-09-06. MARTES XXIII.
Lc 6, 12-19.

JESÚS, TE INVITA A SER SU APÓSTOL

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

Evangelio: Lucas 6, 12-19: Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

LEER. Jesús ora y de entre sus discípulos llama a Doce para hacerlos sus Apóstoles. El grupo crece, ya no solo hay discípulos, hay también Apóstoles. También ha crecido el número de seguidores de Jesús, pues vienen incluso de regiones lejanas. La predicación continúa, el servicio también.

MEDITAR: Jesús predica en Galilea. El texto que meditamos señala que para escuchar a Jesús, habían ido personas del sur (Judea, Jerusalén) y del norte Tiro y Sidón, que eran ciudades extranjeras, situadas en Fenicia (hoy Líbano).


El texto lucano, señala tres grupos de personas, “los escuchas” de Jesús, multitudes que venían de diversos lados, “los discípulos” cerca de cien personas y ahora: “los apóstoles”. Jesús a todos ama y más allá de los que están cerca de Él, ama a la humanidad entera, pues dará la vida por todos. Es por eso que aunque no se mencionen, el mismo texto nos lleva a reflexionar en el número mayor de contemporáneos de Jesús, que lo oyeron y siguieron su rumbo, en los que rechazaron su doctrina y su persona, en los que ni siquiera se enteraron de su presencia en el mundo.

Dentro de los interesados en las enseñanzas de Jesucristo, de manera natural se observa una distinción debido a la cercanía y compromiso con Él. Hay quienes lo escucharán y luego se irán (multitudes), hay algunos que lo siguen (discípulos). De entre este grupo, llamará a algunos y los denominará Apóstoles, palabra que significa “enviados”.

El pueblo de Israel se funda en los 12 hijos de Jacob (patriarcas), hijo de Isaac, hijo de Abraham., por lo mismo hay quienes ven en la elección de los 12, la expresión de la fundación de un nuevo pueblo: “la iglesia”.

Ciertamente y en sentido estricto la llamada a ser “Apóstol”  se aplica a la vocación sacerdotal y se utiliza en particular a los obispos a quienes se les llama “sucesores de los apóstoles”. En sentido amplio se puede aplicar a toda persona que atendiendo el llamado de Jesús, se pone a servir a sus hermanos. De esta manera hay quien es un apóstol en su familia, en la atención de los enfermos, en el mundo de los empresarios o de los medios de comunicación, etc. ¿Dónde y cómo, tú eres apóstol? ¿Dónde lo vas a comenzar a ser?

ORAR: Señor, gracias porque soy parte de tu Iglesia católica. Gracias, porque me llamas a ser parte de la comunidad creyente enviada para anunciar tu Palabra e instaurar tu Reino de Amor. Gracias porque esta elección no surge de la casualidad sino que es fruto de tu amor y de tu oración. Haz que sea consciente de este llamado y que sea un auténtico apóstol tuyo.

CONTEMPLAR: Como miembro de la Iglesia Católica, si me preguntaran cuán cerca es mi relación con Jesús, en qué nivel me colocaría: ¿En las multitudes que lo escuchan y se van? ¿En aquellos que lo siguen? o ¿En aquellos que reconociéndose apóstoles, trabajan en la difusión del Evangelio y la construcción del Reino de Dios?

¿Te gustaría ser su apóstol? Ser apóstol de Jesús es responder al llamado que Él te hace. Él te llama, la respuesta es tuya. Él espera que tú respondas. Él ora para que así sea, pero respeta tu libertad.

Qué significa ser apóstol de Jesús, es tener sus mismos intereses. ¿Cuáles son los intereses de Jesús?: (1) amar a su Padre Dios, (2) darlo a conocer, (3) que todos nos sepamos amados por Él y, (4) que nos reconozcamos como hijos suyos, (5) que vivamos como hermanos, (6) que hagamos este mundo mejor, (7) que seamos felices en esta vida, (8) que alcancemos la Vida Eterna. Esto Jesús lo resume en “amar a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como uno mismo”.

Ser apóstol de Jesús es tomar conciencia que Dios me ama, es dejarme amar por Él, para compartir su amor con el prójimo e invitar a que muchos dejándose amar por Él, sean sus apóstoles.

ACTUAR: Procuraré hacer conciencia de cuántas maneras, hoy, Dios me manifiesta que me ama. Me esforzaré en que esto se note en mis gestos, palabras y acciones. Compartiré el motivo de mi alegría e invitaré a los más que pueda para que se dejen amar por Dios y acepten ser los apóstoles de su amor, de su paz, de su alegría.

Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. M. María Inés Teresa Arias.

Seguimos el esquema de la Lectio Divina: Leer, meditar, orar, contemplar y actuar.
Leer, es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en contexto.
Meditar es reflexionar sobre lo que el texto bíblico me dice.
Orar: Es responder a la Palabra, qué le digo a Dios: es petición, intercesión, agradecimiento, alabanza, etc.
Contemplar el reto de llegar a la conversión de la mente, del corazón y de la vida, según el Corazón de Cristo.
Actuar, es mi compromiso por hacer vida la Palabra de Dios.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Meditación del Evangelio del 5 de septiembre del 2011

Evangelio: Lucas 6, 6-11. Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: «Levántate y ponte ahí en medio». Él se levantó y quedó en pie. Entonces Jesús les dijo: «Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: hacer el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?». Y, después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó curado. Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús.

11-09-05. LUNES XXIII.
Lc 6, 6-11.

AYUDAR TE FORTALECE

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

LEER. El Señor Jesús manifiesta su libertad interior haciendo el bien, a pesar de las críticas que ello conlleva. El texto lucano nos muestras a Jesús curando a un tullido de la mano derecha, a pesar que por su actuar, enojaría a algunas personas que estaban en la sinagoga y generaría, en contra de Él, sentimientos de furia que los llevaría a pensar en cómo matarlo.

MEDITAR: Destacamos la presencia de cinco personajes: Los discípulos, los que estaban en la sinagoga, el tullido, el grupo de escribas y fariseos y el Señor Jesús.

Los discípulos y quienes estaban en la sinagoga, se cuestionan sobre su forma de pensar y de actuar ante lo que ven: un hombre sanado, un grupo que odia y a Jesús que es libre en su actuar y en su amar. Ellos desearán ser sanados, ser libres en su actuar.

El tullido es el principal beneficiado. Qué bueno que Jesús no dejó de ayudarlo por el qué dirán, aún poniendo en riesgo su vida. Esta actitud, llena de amor, lo llevará a la Cruz. Su sacrificio es algo asumido libremente por Jesús, Él no sólo muere por dar vida nueva al tullido, muere por ti, por mí y por todos. Seguramente que la actitud de tullido fue de agradecimiento. ¿Tú y yo, estamos agradecidos por lo que Jesús ha hecho por nosotros?

Los escribas y fariseos, son el grupo de los que son incapaces de hacer algo por los demás y se quejan de todo. Piensan que el sentido de su vida es criticar, sin darse cuenta que esa actitud se convierte en envidia y odio. Nadie puede ser como ellos, nadie puede ser más que ellos. Ellos son los que deciden quién entra o sale de su grupo, quién vive o muere.

Jesús conoce lo que hay en ellos, porque además se les nota en su rostro, en su cara, en sus palabras, en sus acciones. No son felices, no quieren que nadie sea feliz. Jesús actúa no sólo a favor del tullido, lo hace a favor también de los que están presentes y que tenían miedo “al qué dirán”, de aquellos que también estaban tullidos de la mente, del corazón y del cuerpo, por miedo a ser criticados. Jesús actúa también por los escribas y fariseos, no para “torearlos” o hacerlos “enojar”, sino para que viendo el bien, tengan la posibilidad de romper con la atadura de la crítica y aprendan a ser libres.

Jesús es libre en su actuar. ¿Su secreto?: Saberse amado por Dios, amar a su Padre, amarse a sí Mismo, amar al Prójimo. Él ama en Dios y sabe que su misión es anunciar el Evangelio con palabras y obras. Él sabe que incluso algunos de los que lo condenan, reconocerán su error, se arrepentirán se convertirán y se salvarán.

Hacer el bien, a pesar de las críticas y enemistades que esto le ocasionará, no lo detiene. Él actúa libremente y esto lo fortalece internamente en su decisión de hacer siempre la Voluntad de su Padre Dios.

ORAR: Señor, tu sabes con qué facilidad critico lo que hacen los demás, perdóname. Señor Tú conoces cuántas veces he dejado de hacer el bien por “el qué dirán”; sabes lo débil que soy y cómo me derrumbo ante cualquier crítica. Sáname Señor, pues yo también “estoy tullido”, fortaléceme para siempre hacer el bien. Quiero ser libre como Tú, quiero experimentar el amor del Padre en mi vida, quiero comportarme como hijo(a) suyo(a), quiero ser libre como Tú, quiero amarme a mí mismo(a), quiero amar y servir a los demás. Quiero tener libertad interior para amar.

CONTEMPLAR: Dejar de hacer el bien, independientemente del motivo, y en particular por miedo a la crítica, no sólo es una limitación, sino que me debilita, porque me impide desarrollar y manifestar las cualidades con las que Dios me ha dotado. Ciertamente no se trata de hacer todo, y siempre querer destacar, pero sí acrecentar mi disponibilidad y generosidad en el servicio, como expresión de libertar interior, procurando en todo la Gloria de Dios y el bien de los demás.

ACTUAR: Sabiendo que Dios me ama y yo amándolo a Él, procuraré manifestar que Dios me ha fortalecido interiormente, quitando lo tullido de mi cara, para sonreír un poco más; lo tullido de mi lengua, para manifestarles a todos mi cariño; lo tullido de mi mano para saludarles o ayudarles en lo que pueda. Seguramente que si ellos ven un cambio en mí, querrán acercarse a Aquél que me quitó “lo tullido” y quizá, por mis palabras y gestos de aliento, a ellos también se les quite “lo tullido” que les impide ser felices, al conocer mejor a Jesucristo nuestro Señor.

Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. M. María Inés Teresa Arias.

UN COMENTARIO EXTRA: La @ (arroba) es un signo de una medida de peso y no una letra, hay quienes la utilizan como si fuera una letra, para expresar masculino y femenino: perr@, niñ@.
Cuando se quiere destacar o mencionar a ambos sexos, lo más adecuado es utilizar el paréntesis y poner la letra que corresponda:   niño(a), enferma(o), etc.

Seguimos el esquema de la Lectio Divina: Leer, meditar, orar, contemplar y actuar.
Leer, es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en contexto.
Meditar es reflexionar sobre lo que el texto bíblico me dice.
Orar: Es responder a la Palabra, qué le digo a Dios: es petición, intercesión, agradecimiento, alabanza, etc.
Contemplar el reto de llegar a la conversión de la mente, del corazón y de la vida, según el Corazón de Cristo.
Actuar, es mi compromiso por hacer vida la Palabra de Dios.

Meditación del Evangelio del 4 de septiembre del 2011

11-09-04. DOMINGO XXIII.

Mt 18, 15-20.

LA PRESENCIA DE JESÚS EN MI FAMILIA Y EN MI ENTORNO

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

Evangelio: Mateo 18, 15-20. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano comete un pecado, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el Cielo. Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

LEER: En este párrafo del Evangelio reconocemos cuatro enseñanzas, la corrección fraterna, el perdón de las faltas del prójimo, la importancia de ponerse de acuerdo y la presencia de Jesús en medio de los que se reúnen en su nombre.

MEDITAR: Lo que identifica estas cuatro enseñanzas es la unidad y junto con ella la paz, que de ellas proceden. Cada uno de estos pasos es valioso por sí mismo y se puede aplicar cada uno por separado o en su conjunto, como lo vamos a ver.

En estos cuatro pasos encontramos un camino de qué hacer cuando tenemos una dificultad o falla, con nosotros mismos o con alguna persona, y queremos resolverla. Lo primero es invitar a la reflexión. La palabra “reprender” la entendemos como “regaño”, pero si nos vamos a su etimología la podríamos definir como “retomar”, “recuperar”. ¿Tienes algún problema contigo mismo, cometiste alguna falla? Recupera la calma. Recupérate. ¿Es otro el que falló? No lo juzgues antes de tiempo, no lo condenes ni lo sentencies: Recupéralo. Si es necesario, llama a otra persona para que le ayude. Si es a ti a quien quieres recuperar, déjate ayudar, por alguien que te sea afín. Si lo requieres, busca un consejero adecuado: un sacerdote, un psicólogo, un amigo prudente y no a alguien muy comunicativo, de poca confianza o sin fe.

El segundo paso es siempre perdonar en el nombre de Jesús: Lo que ates o desates en la tierra, de igual manera queda en el Cielo”. Ama en Jesús. Si se refiere a ti: ámate en Jesús. Si lo aplicas a otra persona: ámala en Jesús. Cuando quieras cambiar a alguna persona o situación, primero ámala y eso te facilitará el perdonar, y perdonando tendrás paz en tu corazón y “los ojos limpios” para poder ayudarte o ayudar a otros. Cuando Dios perdona, olvida. Si el perdón es para ti, perdónate, acéptate y reconoce que Dios ya te perdonó, máxime si además te has confesado y recibido la absolución de tus pecados. Si el perdón lo otorgas a otra persona, confíala a Dios, lo que te corresponde es mantener tu corazón libre de odios, resentimientos o rencores. Cada quien es como es, acepta y ama a los demás como son.

El tercer paso es llegar a acuerdos y ponerlos en manos de Dios, no sólo valiéndote de tus propias fuerzas, sino sobre todo en el amor de Dios. Si el acuerdo es contigo mismo, tener a Dios como aliado te será fabuloso y si el acuerdo es con otros, Dios les ayudará a realizarlo.

El cuarto paso es poner a Dios siempre en medio de tus relaciones. La ventaja es que donde tú vayas y estés, siempre estará Dios, porque eres su hijo(a). De esta manera, donde tú estés llevarás su presencia a aquellas personas con las que hablas y en consecuencia, si invitas a quien(es) te acompaña(n) a que se ponga(n) en presencia de Dios, los acuerdos a los que lleguen, siempre contarán con el favor de Dios.
Apliquemos estos pasos en la vida de familia, en el lugar de trabajo o de estudios, en reuniones de amigos o familiares y nos reconoceremos misioneros del amor de Dios, estando en paz y siendo pacificadores.

ORAR: Señor regálame tu presencia y “hazme un instrumento de tu paz, particularmente en mi familia, pues perdonando es que nos das perdón; que donde haya odio, lleve tu amor; donde haya injuria, tu perdón Señor; donde  haya duda, fe ten Ti, Señor” (San Francisco).

CONTEMPLAR: Como humanos; somos seres en relación. Lo ideal sería que nuestras relaciones siempre fueran tersas, en la verdad, en la justicia y en el amor. La “realidad que nos circunda” nos muestra que no es así. Sin embargo eso cambia, cuando al menos una persona actúa cristianamente y no al estilo común de los demás. Centrados en la “realidad fundante”: Dios, sabemos cuál es su plan de amor y como hijos suyos, nos aliamos con Él para realizarlo.

Nublada la razón por los sentimientos, es muy común que la gente se agreda y fácilmente rompa relaciones con los demás, incluso con los más cercanos, afectivamente hablando: el cónyuge, los hermanos, los padres, los hijos, demás familiares o amigos y también con compañeros de trabajo, vecinos o gente que pasa por las calles, etc.

Dejar de tender puentes de diálogo, romper relaciones: nos aísla, nos genera sentimientos de soledad y frustración y en poco tiempo, quizá sin darnos cuenta, sentimos que lo que nos rodea es un ambiente agresivo, ante el que nos sentimos indefensos y desconfiados, del que nos tenemos que proteger y quizá en poco tiempo nosotros nos volveremos en agresores.

Esto sucede cuando somos esclavos de los sentimientos y circunstancias y ellos nos manejan. Seguir a Cristo y vivir según sus enseñanzas es un acto consciente, es una decisión. Es un acto de libertad en el amor, que se sustenta en Dios que es nuestro Padre. Por eso, cuando en lugar de dejar que las circunstancias sean las que determinen el rumbo de mi vida: yo, unido a Jesús, puedo determinar ser un factor de cambio y tender puentes de comunicación, donde el perdón, el amor y los acuerdos, sean elementos que hagan presente a Dios en mis relaciones, para restaurar y consolidar la paz en mi corazón y con los demás.

ACTUAR: Hoy pensaré en las cosas que de mí no acepto o rechazo. Tomaré la decisión de “recuperarme” y estar en paz conmigo mismo(a). Me perdonaré, me aceptaré como soy y me amaré en Dios. Me mantendré en diálogo con mis sentimientos y los llevaré a la presencia de Dios, para que Él, con su amor y perdón, me dé su paz.

También pensaré en cada una de las personas con las que considero que mi relación está fracturada. Tomaré la decisión de “recuperar” a esa persona, la aceptaré y amaré tal y como es. Espiritualmente, pondré a Dios, en medio de nuestra relación.

En ocasiones, llegar a acuerdos directamente con personas especialmente significativas en nuestra vida (cónyuges, hermanos, hijos), con las que se fracturó la relación y que no conocen o no les interesa vivir en el amor de Dios, es difícil y en ocasiones contraproducente, buscarlas para llegar a acuerdos. Por lo que, por el momento, pondré paz en mi corazón en relación con ellas y las perdonaré en mi interior o les pediré perdón, si es el caso. Si es posible establecer puentes de comunicación y de diálogo; me comunicaré con ellas cuando Dios me lo indique en mi corazón o me dé la oportunidad para hacerlo.

Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. M. María Inés Teresa Arias.

Seguimos el esquema de la Lectio Divina: Leer, meditar, orar, contemplar y actuar.
Leer, es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en contexto.
Meditar es reflexionar sobre lo que el texto bíblico me dice.
Orar: Es responder a la Palabra, qué le digo a Dios: es petición, intercesión, agradecimiento, alabanza, etc.
Contemplar el reto de llegar a la conversión de la mente, del corazón y de la vida, según el Corazón de Cristo.
Actuar, es mi compromiso por hacer vida la Palabra de Dios.