lunes, 23 de enero de 2012

Contigo en la fe (Tema 2)

"Contigo en la fe" es un nuevo espacio de evangelización, en el que tú y yo iremos trazando caminos que nos guíen a la santidad. Escucha estas cápsulas y hazme llegar tus comentarios a evangelizarorando@yahoo.com.mx, además compártelas con tus familiares y amigos.

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Meditación del 23 de enero del 2012

ORANDO CON EL PADRE NUESTRO.

12-01-23
Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

Queridos hermanos, en continuidad con la Meditación del Evangelio, les invito a que en estos días meditemos la Oración del Padre Nuestro, regalo de Jesucristo nuestro Señor. Para ello he preparado una serie de meditaciones que desmenuzando cada pensamiento de esta oración, nos ayude a estar en sintonía con Jesús, en quien somos hijos de Dios. VER NOTA al final del texto.

Evangelio: Lucas 11, 1-4: Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». Entonces Jesús les dijo: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino; danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquél que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación».

VER
La oración del Padre Nuestro para muchos es algo que repiten de manera rutinaria. No piensan lo que dicen, sólo lo repiten.
JUZGAR
La oración para el Señor Jesús, no es algo rutinario, es estar en diálogo con su Padre Dios. Esta manera de orar es la que Él nos enseña.
ACTUAR
Hoy y cada vez que pueda, rezaré el Padre Nuestro, deteniéndome a reflexionar lo que significa para mí, cada palabra de la “oración de Jesús” y así experimentar como Él, el AMOR DIVINO DEL PADRE.

LEER. A los discípulos del Señor Jesús, muchas cosas de Él, les llamaban la atención. Una de ellas, quizá la principal, era su modo de orar. Para Jesús la oración no era repetir frases o palabras, sino dialogar con su Padre Dios. Cualquier lugar o momento era adecuado para orar. Por la mañana, por la tarde, en la noche, al amanecer, en la sinagoga, en el campo, en la Cruz.
El trato de Jesús con su Padre Dios era muy natural, muy cercano, muy afectivo, le llamaba Abba, palabra que los estudiosos de la Biblia traducen con el coloquial “Papá” en vez de la manera más formal “Padre”.
Para Jesús, su Padre Dios, no era alguien lejano, sino muy próximo a Él, porque estaba en su corazón. Jesús, por amor, vino a hacer la voluntad del Padre, que es la de reconciliarnos a todos con Él, para que todos vivamos en su AMOR DIVINO DE PADRE.

MEDITAR: La oración del Padre Nuestro tiene siete peticiones, que, de la primera a la última, nos hablan del amor del hombre que busca a Dios. Si estas peticiones las leemos al revés, veremos, el Plan de amor de Dios que nos quiere en el Cielo para que disfrutemos de su AMOR DIVINO DE PADRE.
En la forma acostumbrada en la que rezamos el Padre Nuestro, es decir la oración del Hijo al Padre, vemos la súplica humana hacia Dios.

PREÁMBULO: Padre nuestro que estás en el Cielo. (es la llamada de atención, para que Dios nos escuche).
1ª. Petición. Santificado sea tu nombre
2ª. Petición. Venga a nosotros tu Reino
3ª. Petición. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el Cielo
4ª. Petición. Danos hoy, nuestro Pan de cada día
5ª. Petición. Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
6ª. Petición. No nos dejes caer en tentación y
7ª. Petición. Líbranos del mal (tanto del Malo, como de los males)

Meditar el Padre Nuestro, a partir de la última de nuestras peticiones, nos lleva reconocer la respuesta de Dios, Quien nos dice:
7.- Te libraré, te protegeré, porque eres mi hijo(a) amado(a).
6.- Te daré la fortaleza para vencer la tentación.
5.- Te perdonaré.
4.- No te faltará lo necesario, pero sobre todo te he dado a Jesús Eucaristía como alimento de Vida Eterna.
3.- Mi voluntad es que seas feliz en la tierra, como lo son los bienaventurados en el Cielo.
2.- Mi Reinado ha de expresarse en tu corazón y, A TRAVÉS DE TI, se hará presente en tu familia, en tu ciudad, en tu país y en el mundo entero.
1.- En Mí serás feliz, serás santo.

CONSECUENCIA: Porque Yo estoy en el Cielo y mi Cielo está en tu corazón. Yo mismo habito en ti, con mi Hijo y el Espíritu Santo.

La Virgen María y los santos, abrieron su corazón para que Yo habitara en ellos en compañía de mi Hijo y del Espíritu Santo, pues todo ser humano está llamado a ser habitación de la Santísima Trinidad. Tú mismo(a) eres templo vivo de la Santísima Trinidad, ábrenos tu corazón y déjanos habitar en ti, para que tu vida sea un anticipo del Cielo.
Dices bien, al dirigirte a Mí, llamándome Padre Nuestro y no Padre mío. Efectivamente, soy tu Padre y por eso todos los hombres son tus hermanos. De esa manera entiendes el sentido fraterno de decir “nuestro” y con júbilo desde la Iglesia, “la familia católica” de quienes se reconocen mis hijos, haz de salir en búsqueda de todos tus hermanos que se han alejado o separado y de los que no me conocen o me rechazan.

ORAR: Hoy, de manera pausada y agradecida, rezaré el Padre Nuestro.

CONTEMPLAR: Hay diferencia entre rezar y orar. El rezo tiene que ver con el repetir, lo que implica hacerlo de cierta manera mecánica. La oración es más consciente, más pensada, más meditada. De la oración debo llegar a la contemplación, por lo que de la oración vocal deberé pasar a la oración mental. En el silencio ambiental e interior, podré captar mejor la voz de Dios. De la meditación, debo llegar a la contemplación. En opinión de santa Teresa podemos llegar a la contemplación con el esfuerzo humano (ascesis) y ella, puede ser el puente para dejar que sea la Gracia de Dios (mística) la que nos lleve por el camino del diálogo con Dios y a EXPERIMENTAR SU AMOR DIVINO.

ACTUAR: Hoy me esforzaré en estar en la presencia de mi Padre Dios, en continua oración con el Padre Nuestro, el Ave María, Jaculatorias, La Coronilla de la Misericordia, el Rosario, etc.

NOTA: Seguimos meditando el Evangelio, según el esquema de la Lectio Divina (Leer, meditar, orar, contemplar y actuar), presentando: un texto bíblico, un ver, un juzgar, un orar y un actuar. En las meditaciones de estos días tomamos como referencia la Oración del Padre Nuestro, desmenuzando las ideas que nos presenta, para una mejor comprensión y vivencia de las enseñanzas de Jesús, para estar en sintonía con Él, tener sus mismos intereses y ser santos en adoración al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, pues la Oración del Padre nuestro es “el resumen de todo el Evangelio” (Tertuliano) y “la más perfecta de todas las oraciones” (Santo Tomás de Aquino).

Para hacer llegar algún comentario, puedes escribir a evangelizarorando@yahoo.com.mx

Aparta la fecha para que asistas a la beatificación de la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. (21-abril-2012. Basílica de Guadalupe. 11:00 horas)

7ª PALABRA. sábado

Padre, en tus manos entrego mi Espíritu.

Si te es posible haz esta oración de contemplación ante Jesús Eucaristía, expuesto o en el sagrario, o ante un crucifijo, o en el lugar que puedas. Persevera cada día y te aseguro que irás experimentando, cada vez más, la presencia de Dios en tu vida.

Por la señal de la santa Cruz… Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Ven Espíritu Santo y lléname con tu amor. Purifícame, renuévame, sáname y santifícame. Ilumina mi entendimiento para buscar y encontrar la Verdad. Orienta mis motivaciones hacia la Gloria del Padre y el bien de mis hermanos para que mis intereses sean los de Jesús. Fortalece mi voluntad para rechazar el mal y perseverar haciendo el bien. Amén.

PETICIÓN INICIAL: Señor Jesús, al meditar y contemplar las Palabras que dijiste en la Cruz, concédeme recibir el regalo de tu amor y el gozo de ser tuyo(a), en Ti confío. Gracias por tu perdón y por darme a la Virgen María como Madre. Te pido que me des la fortaleza y la Gracia de la Perseverancia Final, abandonándome, cada día, en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, y recibiendo al Espíritu Santo en mi ser. Amén.

LECTURA
En tus manos encomiendo mi Espíritu (Lc 23, 46). Las últimas Palabras de Jesús en la Cruz son para abandonarse amorosamente en los brazos del Padre y darnos al Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el amor que procede del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. Cuando Jesús entrega su Espíritu en el momento de morir, expresión de su total entrega amorosa, es como si la unión que siempre existe en las Tres Divinas Personas, “nuevamente se plenificara” en la Eternidad. Jesús, eternamente está unido, plena y totalmente, con su Padre, por obra del Espíritu Santo. Las palabras de Jesús: “En tus manos encomiendo mi Espíritu”, también nos sitúan en el momento de la Encarnación. Este “instante de eternidad” Jesús lo señala anticipadamente cuando dice “he salido del Padre y he venido al mundo, ahora dejo de nuevo el mundo y voy al Padre (Jn 16,28). El acto libre y amoroso con el que Cristo se encarna en el seno purísimo de la Virgen María está en continuidad con el momento en que Jesús regresa al Padre, abandonándose en los brazos amorosos de Él.

En la Cruz, Jesús nos une a la Santísima Trinidad cuando nos da su Espíritu y nosotros nos introducimos y quedamos unidos al Misterio del Amor Trinitario cuando recibimos al Espíritu de Dios.
Jesucristo se entrega, todo Él, por la salvación del mundo y así, con la ofrenda de su ser, no solo “me compra” y me rescata junto con toda la humanidad, para su Padre Dios, sino que además me da su Espíritu de amor. Con su sacrificio redentor Jesús me hace hermano Suyo, hijo del Padre y Templo del Espíritu Santo. Esta entrega es la que me ayuda a ponerme y abandonarme en las manos amorosas del PADRE y a pedirle y a agradecerle a Jesús el DON DEL ESPÍRITU SANTO.

MEDITACIÓN
En el “hoy” de Jesucristo, yo me puedo unir a su sacrificio redentor y confiadamente, movido por el Espíritu Santo, ponerme en las manos amorosas del Padre, suplicando y dejando que en mí, se haga su voluntad, para bien mío y salvación de la humanidad, saciando su sed de almas y “comprando muchas para Él”. “Padre… me pongo en tus manos, me entrego a tu amor, a tu bondad, a tu generosidad; haz de mí lo que quieras, pero dame almas, muchas almas, infinitas almas...” (Madre Ma. Inés Teresa Arias).
Jesús, al morir, hace su entrega total y perfecta al Padre y a nosotros. En la Cruz Jesucristo nos da al Espíritu Santo, Señor y dador de Vida, fuente inagotable de Vida Nueva y Eterna. De su corazón traspasado brotan agua y sangre, símbolos de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía, fundamento y alimento de la Iglesia, que vive de la Eucaristía.
San Pablo nos enseña que el Espíritu Santo es Quien hace que podamos llamar a Dios: “Abba”; término muy familiar que podemos traducir como: “papá”, “papacito” (Rom 8,15). El Espíritu Santo es también, Quien nos lleva a reconocer que Jesús es Señor (1Cor 12,3). Por eso en la Cruz, Jesucristo al darnos al Espíritu Santo, nos introduce en la relación filial íntima de ser hijos de Dios, para abandonarnos a su amor.
Jesús no me impone nada, toca a la puerta de mi corazón y me invita a que le abra para que Él y su Padre, en el amor del Espíritu Santo, habiten en mí.
Jesucristo entregándose al Padre y dándonos al Espíritu Santo, posibilita que en nosotros habite la Santísima Trinidad. El efecto de atender a su llamado es que: ¡Dios mismo, en la plenitud de su amor trinitario, habite en mi corazón!

ORACIÓN
Señor, ya que desde la Cruz me das al Espíritu Santo, ayúdame a comprender la grandeza de este regalo que procede de Ti y del Padre, para que yo lo acoja en mi corazón y sea Él, Quién ilumine mi entendimiento, fortalezca mi voluntad, me guíe, me purifique, me sane, me santifique y me configure a Ti, para transformar al mundo en comunión con mis hermanos en la Iglesia.
Espíritu de amor, ven a mí y ayúdame a comprender y a vivir el misterio del Dios Trinitario que amando al ser humano quiere habitar en mí y en cada persona, para hacernos partícipes de su Vida Divina. Dios, Uno y Trino, que todos te conozcan y te amen, es la única recompensa que quiero.

CONTEMPLACIÓN: Este es el momento más importante. Guarda unos momentos de silencio, cierra tus ojos, respira profundamente, repite varias veces y de manera pausada, el nombre de Jesús o la jaculatoria de este día. Deja que el amor de Dios inunde tu ser. Reflexiona sobre lo que has meditado, dejándote guiar por el Espíritu Santo, como la Virgen María que todo lo guardaba en su corazón (Lc 2,19). Hazte un propósito y esfuérzate por cumplirlo hoy. Concluye este momento de contemplación de la siguiente manera o de la forma que acostumbres hacerlo.

ACCIÓN
Haz un compromiso para este día y en la noche evalúa cómo y de qué forma lo cumpliste.
Por amor a Jesucristo hoy… ____________________

COMENTARIOS PERSONALES




Concluye tu meditación diaria haciendo la señal de Cruz sobre ti: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 20 de enero de 2012

Papa Juan Pablo II en México (6 de mayo de 1990)


Amigos, les comparto un video de la visita de Su Santidad Juan Pablo II, ahora beato, a México. En la misa de ese día, tuve la oportunidad de ser el diácono del Papa.

6ª PALABRA. viernes

Todo está consumado

Si te es posible haz esta oración de contemplación ante Jesús Eucaristía, expuesto o en el sagrario, o ante un crucifijo, o en el lugar que puedas. Persevera cada día y te aseguro que irás experimentando, cada vez más, la presencia de Dios en tu vida.

Por la señal de la santa Cruz… Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Ven Espíritu Santo y lléname con tu amor. Purifícame, renuévame, sáname y santifícame. Ilumina mi entendimiento para buscar y encontrar la Verdad. Orienta mis motivaciones hacia la Gloria del Padre y el bien de mis hermanos para que mis intereses sean los de Jesús. Fortalece mi voluntad para rechazar el mal y perseverar haciendo el bien. Amén.

PETICIÓN INICIAL: Señor Jesús, al meditar y contemplar las Palabras que dijiste en la Cruz, concédeme recibir el regalo de tu amor y el gozo de ser tuyo(a), en Ti confío. Gracias por tu perdón y por darme a la Virgen María como Madre. Te pido que me des la fortaleza y la Gracia de la Perseverancia Final, abandonándome, cada día, en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, recibiendo al Espíritu Santo en mi ser. Amén.

LECTURA
Todo está consumado (Jn 19, 30). Jesús, a lo largo de toda su vida hace conscientemente la ofrenda de Sí Mismo. Crucificado, sabe que ha llegado al límite de sus fuerzas físicas y de su vida terrena. Nuevamente, en esos momentos, Jesucristo, libremente se entrega y se ofrece al Padre.

En la Cruz Jesús es Sacerdote, Víctima y Altar. Yo lo puedo imitar al orar ante un crucifijo, que me recuerda cuanto me amó Jesús, o al contemplarlo, adorándolo, en la Hostia Consagrada y experimentando cuanto me ama.

MEDITACIÓN
Señor Jesús dame la fuerza de tu Espíritu, que me haga perseverar en la entrega de mi vida a tu servicio y en el servicio a los demás. No permitas que me quede a medio camino; que no me detengan los fracasos, ni los rechazos o malos entendidos, que no me paralice el miedo ante el qué dirán o ante el futuro, sino que siempre mirándote clavado en la Cruz por amor a mí, persevere hasta el final.

Señor Jesús, concédeme que constantemente me una a Ti, en particular en los momentos de flaqueza que aparecen en mi vida. Concédeme que el contemplar tu Pasión y muerte en la Cruz, sea el estímulo que me ayude a mantenerme firme en medio de las dificultades, siempre dispuesto a dar testimonio de tu amor por mí y por la humanidad entera. Dame Señor la perseverancia final, como a Juan Pablo II, que a quien, al verlo anciano y enfermo, le preguntó sobre la conveniencia de que renunciara; le contestó: “Jesucristo no se bajó de la Cruz, el Papa tampoco lo hará”.

ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, al estar ante un crucifijo o al contemplar y adorar tu presencia santa en la Eucaristía, movido(a) por el Espíritu Santo quiero pedirte la gracia de unirme a Ti, para ser Contigo, sacerdote, víctima y altar, en una permanente ofrenda al Padre.

Señor Jesús, dame la fortaleza de tu Espíritu y la Gracia de la Perseverancia Final y concédeme que cada obra que comience en tu nombre, nunca la abandone hasta haberla concluido para Gloria tuya. Sobre todo, permite que me gaste y desgaste por mis hermanos y la salvación de las almas (cf. 2 Co 12.15). Concédeme que amándote hasta el último instante de mi vida, confiando siempre en Ti, pueda poner mi alma entre las manos amorosas de nuestro Padre y como Tú, Señor, pueda decir: “Todo está consumado”. Señor Jesús, Tú conoces mis debilidades y mis inconsistencias y aún así me has llamado a ser misionero(a) tuyo(a), apóstol de tu misericordia, pescador de hombres. Dame la fortaleza de la fe, para seguirte hasta el final de mi vida y a pesar de mis caídas, como san Pedro, siempre poder decirte: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo” (cf. Jn 21,17).
En relación a las cosas y a las situaciones, en especial las adversas, te pido serenidad para aceptar las que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar las que puedo modificar y sabiduría para notar la diferencia.
Señor, concédeme la Gracia de amarte y servirte en los demás, hasta el fin de mi vida, para seguir amándote en la Eternidad.

CONTEMPLACIÓN: Este es el momento más importante. Guarda unos momentos de silencio, cierra tus ojos, respira profundamente, repite varias veces y de manera pausada, el nombre de Jesús o la jaculatoria de este día. Deja que el amor de Dios inunde tu ser. Reflexiona sobre lo que has meditado, dejándote guiar por el Espíritu Santo, como la Virgen María que todo lo guardaba en su corazón (Lc 2,19). Hazte un propósito y esfuérzate por cumplirlo hoy. Concluye este momento de contemplación de la siguiente manera o de la forma que acostumbres hacerlo.

ACCIÓN
Haz un compromiso para este día y en la noche evalúa cómo y de qué forma lo cumpliste.
Por amor a Jesucristo hoy… ____________________

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Concluye tu meditación diaria haciendo la señal de Cruz sobre ti: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 19 de enero de 2012

5ª PALABRA. jueves

Mujer he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu Madre…

Si te es posible haz esta oración de contemplación ante Jesús Eucaristía, expuesto o en el sagrario, o ante un crucifijo, o en el lugar que puedas. Persevera cada día y te aseguro que irás experimentando, cada vez más, la presencia de Dios en tu vida.

Por la señal de la santa Cruz… Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Ven Espíritu Santo y lléname con tu amor. Purifícame, renuévame, sáname y santifícame. Ilumina mi entendimiento para buscar y encontrar la Verdad. Orienta mis motivaciones hacia la Gloria del Padre y el bien de mis hermanos para que mis intereses sean los de Jesús. Fortalece mi voluntad para rechazar el mal y perseverar haciendo el bien. Amén.

PETICIÓN INICIAL: Señor Jesús, al meditar y contemplar las Palabras que dijiste en la Cruz, concédeme recibir el regalo de tu amor y el gozo de ser tuyo(a), en Ti confío. Gracias por tu perdón y por darme a la Virgen María como Madre. Te pido que me des la fortaleza y la Gracia de la Perseverancia Final, abandonándome, cada día, en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios,  recibiendo al Espíritu Santo en mi ser. Amén.

LECTURA
Mujer he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre… (Jn 19, 26-27). En medio del abandono que Jesucristo experimenta en la Cruz, mirar a su Madre, la Virgen María, y al discípulo amado, san Juan, es un consuelo para nuestro Salvador, Quien en esos momentos, más que pensar en Sí mismo, piensa en ellos y en los que, a lo largo de los siglos, aceptaremos la vida nueva y Eterna que Él nos da con su sacrificio redentor.
En el Cielo nos acompañarán la Virgen María y los santos. Jesús en la Cruz, nos da a su Madre, como Madre nuestra.
Dice el Evangelio que, cuando Jesús le da al discípulo amado, a María como Madre, él la llevó consigo “a su casa”. Es decir, a su corazón, a su vida toda. Para Juan, la Virgen ya no será sólo la Madre del Maestro, sino que será realmente, su Madre, pues de Ella recibirá caricias y palabras de fe, de consuelo, de fortaleza y a través de Ella tendrá una más íntima y profunda experiencia del amor de Dios.
En correspondencia, el discípulo amado se esforzará en asemejarse más a Jesús, para que María, como Madre, se alegre al tener un hijo lleno de amor para Ella y para los demás.
Yo también quiero ser motivo de alegría para la Virgen María, yo quiero también ponerme bajo sus cuidados maternales y experimentar la ternura de su amor, por eso, tomándola como guía, muchas veces le diré: Vamos María, hay que salvar muchas almas para Dios. Acompáñame en la misión, que mi anhelo más grande, al igual que en muchos santos, es: “que todos te conozcan y te amen y esa es la única recompensa que quiero” (cf. Madre María Inés Teresa Arias).

MEDITACIÓN
Jesús, desde el Sacramento del Altar, me ve con amor y piensa en mí. Aceptando la salvación que Él me da, yo también de alguna manera soy su consuelo en la Cruz y desde ahí, Él me da su perdón, su amor y la Vida Eterna.
El anticipo del Paraíso y del Cielo se hace presente en mi vida cuando recibo a la Virgen María como mi Madre, pues Ella, no sólo me cuida y me manifiesta su ternura, sino que se convierte en mi Maestra y en mi Guía. Ella me conduce de la mano, para configurarme con su Hijo Jesucristo. Ella me espera y un día me recibirá en el Cielo.
Gozoso debo recibir, “hoy y siempre”, esta herencia que Jesús me da, debo ser todo de María, mi Madre, para llegar a Dios. Debo hacer mío el: “María, soy todo(a) tuyo(a)”,  “totus tuus” de san Luis Grignon de Monfort y del beato Juan Pablo II.
“Todo(a) tuyo(a) soy y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón” (Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum) (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).

ORACIÓN
Jesús, agradecido porque me das como Madre a tu Mamá, le digo a Ella: “Ven conmigo y nunca me dejes, sé mi guía, llévame de la mano hasta tu Hijo Jesús. María, sé mi Maestra, préstame tus ojos y tus oídos para contemplar y escuchar a tu Hijo, préstame tu corazón para amarlo como lo amas Tú.

Gracias Señor por darme a la Virgen María como Madre. Gracias Madre mía, por guiarme y cuidarme como lo hiciste con Jesús, ruega a Dios por mí para que experimente tu ternura maternal. Como Juan Pablo II, yo quiero ser, María, “todo(a) tuyo(a)”, “totus tuus”, para que siempre me lleves a Jesús.

CONTEMPLACIÓN: Este es el momento más importante. Guarda unos momentos de silencio, cierra tus ojos, respira profundamente, repite varias veces y de manera pausada, el nombre de Jesús o la jaculatoria de este día. Deja que el amor de Dios inunde tu ser. Reflexiona sobre lo que has meditado, dejándote guiar por el Espíritu Santo, como la Virgen María que todo lo guardaba en su corazón (Lc 2,19). Hazte un propósito y esfuérzate por cumplirlo hoy. Concluye este momento de contemplación de la siguiente manera o de la forma que acostumbres hacerlo.

ACCIÓN
Haz un compromiso para este día y en la noche evalúa cómo y de qué forma lo cumpliste.
Por amor a Jesucristo hoy… ____________________

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Concluye tu meditación diaria haciendo la señal de Cruz sobre ti: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 18 de enero de 2012

Asiste al aniversario de nuestros programas de radio

 A todos nuestros queridos amigos:

Comunicación con Criterio A. C. y Monseñor Pedro Agustín Rivera, les invitamos a celebrar juntos el aniversario de nuestros programas de radio: 


“Fe y Mundo”, Jueves, 18:00 hrs. Radio 620

 “Ver con tus Ojos”, Sábados 8:00 hrs. La poderosa del Oriente 540 AM

“Nací Mujer”, Sábados, 17:30 hrs. Romántica 1380 AM


La cita es el sábado 11 de febrero, de las 11:00 a las 14:00 hrs. en la Antigua Basílica de Guadalupe. Tendremos las charlas:

 “Valores en la familia”
Ponente: Lic. Miguel Bustos Shulemburg

“El católico y la evangelización desde los medios de comunicación”.
Ponente: Lic. Conchita Jiménez

Momento Evangelizador Musical
Maurilio Suárez y Gerardo Villegas

Misa de Acción de Gracias
Preside: Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz.


Informes:      comunicacionconcriterio@gmail.com
Facebook/Comunicación con criterio


Contigo en la fe (Tema 1)

4ª PALABRA. miércoles

Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado.

Si te es posible haz esta oración de contemplación ante Jesús Eucaristía, expuesto o en el sagrario, o ante un crucifijo, o en el lugar que puedas. Persevera cada día y te aseguro que irás experimentando, cada vez más, la presencia de Dios en tu vida.

Por la señal de la santa Cruz… Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Ven Espíritu Santo y lléname con tu amor. Purifícame, renuévame, sáname y santifícame. Ilumina mi entendimiento para buscar y encontrar la Verdad. Orienta mis motivaciones hacia la Gloria del Padre y el bien de mis hermanos para que mis intereses sean los de Jesús. Fortalece mi voluntad para rechazar el mal y perseverar haciendo el bien. Amén.

PETICIÓN INICIAL: Señor Jesús, al meditar y contemplar las Palabras que dijiste en la Cruz, concédeme recibir el regalo de tu amor y el gozo de ser tuyo(a), en Ti confío. Gracias por tu perdón y por darme a la Virgen María como Madre. Te pido que me des la fortaleza y la Gracia de la Perseverancia Final, abandonándome, cada día, en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, y recibiendo al Espíritu Santo en mi ser. Amén.

LECTURA
Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado (Mt 27, 46). El Salmo 22 que el Señor Jesús recita en la Cruz, inicia con esas expresiones de súplica (versículo 2). Un poco más adelante, en los versículos 4 y 5, manifiesta la fe y la confianza en Dios: “Tú eres el Santo, que reinas entre las alabanzas de Israel. En Ti confiaron nuestros padres: confiaron, y Tú los libraste”.
Jesús sufre realmente y experimenta el dolor físico y moral, generado por aquellos que lo condenan, se burlan de Él, lo agreden y lo asesinan. En medio de estas realidades, Él no responde con la misma moneda, sino amando y recurriendo a Aquel que es la fuente de su amor, su Padre Dios. En medio del dolor y del sufrimiento, Jesús expresa su confianza en su Padre.

MEDITACIÓN
Jesucristo sufre por los pecados y ofensas de la humanidad. Yo también soy causante de su dolor: por mis indiferencias y pecados. Debo ser consciente que Jesús para redimir a la humanidad, no necesitaba sufrir, por lo que si experimenta en carne propia el dolor, es para acompañarme a mí y a todo el que se siente rechazado, abandonado o experimenta el dolor físico o espiritual, por causas naturales o por la maldad del hombre.
El Señor Jesús, en la Cruz asume sobre Sí el dolor de todo hombre o mujer, niño o anciano, que es despreciado, maltratado o asesinado. Como respuesta a su amor, puedo corresponderle, uniéndome a Él y acompañarlo en su Cruz, ofreciendo mi vida al Padre y sirviéndolo en los más pobres y más necesitados, con un espíritu misionero que haga presente su Misericordia Divina en los ambientes y lugares donde estoy: en el hogar, en el estudio, en el trabajo, etc.
Realmente con mis actitudes y palabras tengo que manifestar que amo a Jesús y que le sirvo acompañándolo en alegre testimonio en todo momento y en particular en los que la injusticia, el infortunio, la soledad o la enfermedad, se hagan presentes también en mi vida.
Ciertamente estas situaciones me dan la oportunidad de acompañar a Jesucristo en su Cruz y así manifestarle que agradezco y valoro su sacrificio y que quiero estar permanentemente unido a Él, ofreciéndome, unido a su sacrificio redentor por la conversión del mundo y la salvación de la humanidad entera. Debo decirle, una y otra vez, que acepto y agradezco el perdón que me da y pedirle que derrame su Espíritu para que en todo momento se incremente mi fe y mi confianza en nuestro Padre Dios.
Esta solicitud y entrega a Jesucristo, debo manifestarlas a través de las obras de misericordia, con todos y en particular con los más pobres y necesitados.
El dolor, la tristeza, la desesperación; realidades que se vuelven tentación, están a la puerta del corazón del creyente, y ellos han de ser asumidos y superados por la confianza en Dios. Al igual que muchos santos, siempre, quiero poder decir: Jesús, en Ti confío.

ORACIÓN
Señor me pesa que a causa de mis pecados y los del mundo, Tú experimentes el abandono del Padre. Concédeme que a partir de tu dolor en la Cruz, en los momentos en que yo me pudiera sentir solo, triste o abandonado, al tiempo que con el Salmista diga “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”, volviendo la mirada a Ti, clavado en la Cruz, diga, una y mil veces: “Jesús, en Ti confío”.

CONTEMPLACIÓN: Este es el momento más importante. Guarda unos momentos de silencio, cierra tus ojos, respira profundamente, repite varias veces y de manera pausada, el nombre de Jesús o la jaculatoria de este día. Deja que el amor de Dios inunde tu ser. Reflexiona sobre lo que has meditado, dejándote guiar por el Espíritu Santo, como la Virgen María que todo lo guardaba en su corazón (Lc 2,19). Hazte un propósito y esfuérzate por cumplirlo hoy. Concluye este momento de contemplación de la siguiente manera o de la forma que acostumbres hacerlo.

ACCIÓN
Haz un compromiso para este día y en la noche evalúa cómo y de qué forma lo cumpliste.
Por amor a Jesucristo hoy… ____________________

COMENTARIOS PERSONALES




Concluye tu meditación diaria haciendo la señal de Cruz sobre ti: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

3ª PALABRA. martes

Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.

Si te es posible haz esta oración de contemplación ante Jesús Eucaristía, expuesto o en el sagrario, o ante un crucifijo, o en el lugar que puedas. Persevera cada día y te aseguro que irás experimentando, cada vez más, la presencia de Dios en tu vida.

Por la señal de la santa Cruz… Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Ven Espíritu Santo y lléname con tu amor. Purifícame, renuévame, sáname y santifícame. Ilumina mi entendimiento para buscar y encontrar la Verdad. Orienta mis motivaciones hacia la Gloria del Padre y el bien de mis hermanos para que mis intereses sean los de Jesús. Fortalece mi voluntad para rechazar el mal y perseverar haciendo el bien. Amén.

PETICIÓN INICIAL: Señor Jesús, al meditar y contemplar las Palabras que dijiste en la Cruz, concédeme recibir el regalo de tu amor y el gozo de ser tuyo(a), en Ti confío. Gracias por tu perdón y por darme a la Virgen María como Madre. Te pido que me des la fortaleza y la Gracia de la Perseverancia Final, abandonándome, cada día, en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, y recibiendo al Espíritu Santo en mi ser. Amén.

LECTURA
Perdónales porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34). Jesús muere perdonando, reconciliando a la humanidad entera con el Padre. Muere perdonándome a mí, perdonando a todos los que lo ofenden, lo traicionan y a quienes clavándolo en la Cruz, lo asesinan.
Jesucristo manifiesta su libertad interior y su perfecta unión con su Padre Dios. Siendo coherente Consigo mismo y con toda su enseñanza, Él nos manifiesta el amor del Padre y por eso libremente se entrega a Él por amor, para salvación de la humanidad entera.
A Jesús, nadie le quita la vida, Él la da libremente, pleno de amor y de perdón (cf. Jn 10,18a).

MEDITACIÓN
He de aceptar el perdón que Jesús me ofrece desde la Cruz y esforzarme, día a día, en ser mejor, no sólo evitando el pecado, sino también compartiendo la gracia del perdón. En un proceso diario de conversión, he de procurar con mi ejemplo, invitar a que todos vivamos en el gozo del amor de Jesucristo, que nos perdona y nos da Vida Nueva y la Vida Eterna. Debo aceptar el perdón que el Señor me da y también debo perdonar. Debo de vivir con un corazón limpio; libre de miedos, odios, rencores o resentimientos.
En Jesucristo puedo ver a todos como hermanos y a nadie como enemigo; sin embargo, esto no significa que todos serán recíprocos conmigo. Todos somos hijos de un Padre común y siempre procuraré estar abierto a mi hermano(a) aunque pudiera darse el caso que alguno me rechazara o pretendiera hacerme algún mal. En Cristo, siempre podré estar agradecido(a) con los que me ofendan y amarlos en Jesús, porque cada acto en contra mía me da la oportunidad de amar, perdonando, y así adquirir “monedas” con las que pueda “comprar almas para Dios”. En primer lugar mi propia alma; en segundo lugar la de mis familiares, amigos y bienhechores, en tercer lugar la de quienes pudieran pretender hacerme algún daño y en cuarto lugar, la de todos los que Dios disponga se salven por la ofrenda del dolor que asimile y del perdón que otorgue, por amor a Él.
Jesús, en la Cruz, también me da la oportunidad de reconciliarme conmigo mismo. Quizá no me agrada mi físico. Quizá no estoy contento con lo que tengo o lo que he realizado. Quizá me atormenta el recuerdo de cosas que hice o que me hicieron y que me hacen sentir culpable. Quizá no me agrada mi carácter. Quizá…, hay tantas cosas que tengo que perdonarme a mí mismo, que, recibiendo el perdón que Jesús me da, no sólo me hago el propósito de aceptarme tal y como soy, sino también el de esforzarme en ser cada día, tal como Dios quieres que sea y al mismo tiempo: aceptar y amar a mis hermanos tal y como son.

ORACIÓN
Redimido por Ti, Señor Jesús, y reconciliado conmigo mismo, con la humanidad y el mundo entero, por el perdón que me das desde la Cruz; reconozco que sin Ti nada puedo. Concédeme por tu perdón vaciarme de mí para llenarme de Ti. Concédeme un corazón limpio, libre de pecados, de miedos, odios, resentimientos, rencores, frustraciones o traumas, para amar como Tú amas y servir a todos sin el lastre del pecado y sus consecuencias, para llevar a todos la alegría de tu perdón. Señor dame tu perdón y ayúdame a nunca ofender a nadie, a perdonar siempre y a servir a todos en tu amor.

CONTEMPLACIÓN: Este es el momento más importante. Guarda unos momentos de silencio, cierra tus ojos, respira profundamente, repite varias veces y de manera pausada, di el nombre de Jesús o la jaculatoria de este día. Deja que el amor de Dios inunde tu ser. Reflexiona sobre lo que has meditado, dejándote guiar por el Espíritu Santo, como la Virgen María que todo lo guardaba en su corazón (Lc 2,19). Hazte un propósito y esfuérzate por cumplirlo hoy. Concluye este momento de contemplación de la siguiente manera o de la forma que acostumbres hacerlo.

ACCIÓN
Haz un compromiso para este día y en la noche evalúa cómo y de qué forma lo cumpliste.
Por amor a Jesucristo hoy… ____________________

COMENTARIOS PERSONALES




Concluye tu meditación diaria haciendo la señal de Cruz sobre ti: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 16 de enero de 2012

2ª PALABRA. lunes

Hoy estarás Conmigo en el Paraíso.

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz.

Si te es posible haz esta oración de contemplación ante Jesús Eucaristía, expuesto o en el sagrario, o ante un crucifijo, o en el lugar que puedas. Persevera cada día y te aseguro que irás experimentando, cada vez más, la presencia de Dios en tu vida.
Por la señal de la santa Cruz… Padre Nuestro… Ave María… Gloria…
Ven Espíritu Santo y lléname con tu amor. Purifícame, renuévame, sáname y santifícame. Ilumina mi entendimiento para buscar y encontrar la Verdad. Orienta mis motivaciones hacia la Gloria del Padre y el bien de mis hermanos para que mis intereses sean los de Jesús. Fortalece mi voluntad para rechazar el mal y perseverar haciendo el bien. Amén.
 
PETICIÓN INICIAL: Señor Jesús, al meditar y contemplar las Palabras que dijiste en la Cruz, concédeme recibir el regalo de tu amor y el gozo de ser tuyo(a), en Ti confío. Gracias por tu perdón y por darme a la Virgen María como Madre. Te pido que me des la fortaleza y la Gracia de la Perseverancia Final, abandonándome, cada día, en los brazos amorosos de nuestro Padre Dios, yrecibiendo al Espíritu Santo en mi ser. Amén.
 
LECTURA
Hoy estarás Conmigo en el Paraíso (Lc 23 43)Jesús es crucificado en medio de dos ladrones. Jesucristo se hace semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. Crucificado en medio de dos ladrones comparte toda situación humana, incluso las que están llenas de dolor, no sólo por causas naturales o la injusticia, sino también las que se viven como consecuencia de los propios errores o pecados. A uno de los ladrones le resulta imposible reconocer y experimentar el amor de Dios, quizá porque está lleno de dolor, de orgullo, de resentimiento o de pecado. El otro, más humilde, reconociéndose pecador, arrepentido de sus delitos, humildemente abre su corazón a la Divina Misericordia y alcanza no sólo el consuelo de saber que Dios le ama, que no lo rechaza, ni lo deja sólo, sino que le perdona y le ofrece la Vida Eterna. El Señor Jesús hace una promesa al buen ladrón y no es una oferta para un tiempo indeterminado, sino para el presente, es decir para “hoy”.
 
MEDITACIÓN
Yo soy de Jesús porque Él me ha comprado para Dios, con el precio de su preciosa sangre derramada en la Cruz (cf. Hech 20,28). Él es mío, no por mis méritos o porque yo tenga alguna especial cualidad para tenerlo, sino porque Él libremente se me da. Él es mío porque yo le abro mi corazón y en él se queda. Jesús pone su morada en mí, “hoy”: “Mira que estoy a la puerta de tu corazón y llamo, si me abres entraré y cenaré contigo y tú conmigo” (cf. Ap 3,20).
Si yo me acerco a Jesús y lo dejo entrar en mi vida, debo saber que gozaré del Paraíso en la vida futura, pero también debo reconocer que “la promesa es para hoy”. Debo confiar en que si me entrego generosamente a Jesucristo, Él vendrá a mí y pondrá su morada en mí, “hoy”. Por eso debo tener un fuerte anhelo por la vida de la Gracia, que es un anticipo del Cielo.
Mi confianza en Jesús se basa en su Misericordia Divina y no en mis méritos o cualidades, porque incluso, alguien puede estar en una situación difícil como consecuencia del error humano o de sus faltas, como por ejemplo, un enfermo de SIDA y sin embargo, Dios que no hace acepción de personas, está a su lado, le acompaña, le ofrece: su perdón, una vida nueva para “hoy” y la Vida Eterna.
El Papa Benedicto XVI ha afirmado que el Reino de Dios está en el corazón de los santos.
En la medida que anhelo hacer la voluntad de Dios, anticipo el Paraíso en mi corazón, hago presente el Cielo en aquellos a los que sirvo y construyo el Reino de Dios aquí en la tierra.
¿Qué es el Cielo, qué es el Paraíso? sino la presencia de Dios y la visión beatífica de Él. Anticipar el Cielo en la tierra es ponerme bajo la mirada amorosa de Jesús y experimentar que Él me ama y yo le amo a Él.
“El hoy de Jesús” es precisamente “el hoy de mi vida”. El pasado ya no existe, el futuro lo tendré que construir. El “hoy de Jesús”, me lleva a dejar mi pasado con mis pecados, odios y rencores, así como con mis fracasos y banalidades. El “hoy de Jesús” también me lleva a no tener miedos o temores con respecto a mi futuro. El “hoy de Jesucristo” me reta a vivir confiado(a), “hoy y siempre”, en su amor.
 
ORACIÓN
Gracias, Jesús, porque “tu promesa es para hoy”, concédeme, “hoy y cada día”, la Gracia de reconocer que te pertenezco y me perteneces; para vivir constantemente agradecido en tu presencia, disfrutando del gran tesoro, que eres Tú, a Quién llevo en la vasija de barro que es mí ser. Concédeme que te tenga en el centro de mi corazón y desde ahí celebre y alabe tu presencia, que me hace pertenecerte a Ti, de tal manera que en todo busque alabarte, amarte y adorarte. Señor, concédeme experimentar y decir “hoy y cada día”: Jesús, yo soy tuyo(a), Jesús, Tú eres mío.
 
CONTEMPLACIÓN: Este es el momento más importante. Guarda unos momentos de silencio, cierra tus ojos, respira profundamente, repite varias veces y de manera pausada, el nombre de Jesús o la jaculatoria de este día. Deja que el amor de Dios inunde tu ser. Reflexiona sobre lo que has meditado, dejándote guiar por el Espíritu Santo, como la Virgen María que todo lo guardaba en su corazón (Lc 2,19). Hazte un propósito y esfuérzate por cumplirlo hoy. Concluye este momento de contemplación de la siguiente manera o de la forma que acostumbres hacerlo.
 
ACCIÓN
Haz un compromiso para este día y en la noche evalúa cómo y de qué forma lo cumpliste.
Por amor a Jesucristo hoy… ____________________
 
COMENTARIOS PERSONALES
 
 
 
Concluye tu meditación diaria haciendo la señal de Cruz sobre ti: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.