jueves, 29 de septiembre de 2011

Meditación del 30 de septiembre del 2011

11-09-30. Viernes.
Lc 10, 13-16.

EL SÍ A DIOS ES, EL SÍ A LA VIDA

Evangelio: Lucas 10, 13-16: En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, vestidas de luto y sentadas sobre ceniza. Por eso, el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿crees que serás elevada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo». Luego, Jesús dijo a sus discípulos: «El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

VER
Hoy en día en muchos ámbitos impera el relativismo. No se respeta a los padres de familia, no se respeta a las autoridades, no se respeta a la Iglesia, no se respeta a Dios. Todos quieren mandar en nombre de la “libertad” y exigen sus “derechos”, ciertos o no, porque en el “libertinaje” que se produce, muchos inventan sus propios derechos aunque no sean capaces de reconocer los derechos de los demás, como es en el caso de quienes aducen supuestos “derechos particulares” como: “derechos de mujeres” o “sexuales” o “reproductivos” y no sean capaces de valorar y respetar el “derecho universal y fundamental” que es el de la vida. La vida humana es la que le da el sustento a los derechos, sino hay vida, no tienen sentido los derechos. Si el Estado no respeta el derecho a la vida pierde el sentido de su existir e impera la ley del más fuerte. Aquellos que más gritan por la “tolerancia” se vuelven los más intolerantes, pues rechazan, critican, insultan a quien no piense como ellos.

JUZGAR
La búsqueda del bien común nos tiene que llevar a que la justicia sea igual para todos, pues de otra manera no sería justa. Aducir la supremacía de “supuestos derechos particulares” y lograr su imposición, rompe con el estado de derecho.
La mayor injusticia que el hombre comete contra sí mismo, es no reconocer los derechos de Dios. Dios en cuanto Creador tiene el derecho a ser amado y respetado. La conveniencia de ser justos con Dios, no es en provecho de Dios, sino del hombre mismo, pues Dios, en cuanto Justo, es el garante de la justicia humana y dado que Él ama a todos y busca el bien de quienes ha creado a su imagen y semejanza, los que creemos en Él, tenemos, en justicia el deber de imitarlo, amando y sirviendo a todos por igual, siendo solidarios con todos y en la verdad, la justicia y la libertad, construir un mundo mejor, en paz, como expresión de la civilización del amor.

Jesús señala que cuando se rechaza a Él, se rechaza a Dios y ciertamente cuando en el horizonte de la vida personal y comunitaria, rechazamos a Dios, no sólo desconfiguramos su imagen, sino también la percepción que tenemos del ser humano, de cada persona y de nosotros mismos, del sentido de nuestra vida y por lo mismo no solo dejamos de valorar a nuestros semejantes, sino que incluso los podemos llegar a ver como una amenaza o como nuestros enemigos y por lo mismo no falta quien busque y encuentre la manera de eliminarlos. Tristes ejemplos lo tenemos en los asesinatos que a diario aparecen en los noticieros. Esta situación se agrava cuando nos acostumbramos a ella o cuando los crímenes se institucionalizan y legalizan, como es el caso del aborto en el D.F. en donde instancias de salud se ufanan de haber eliminado ya más de 65 000 mexicanos.

El aborto es la injusticia mayor, dado que, el asesinato se comete contra la persona más débil e indefensa y que por lo mismo requiere de la mayor  protección de la sociedad, del Estado, de su padre y principalmente de su madre. El embrión, que es un individuo de la especie humana, no es un ser humano en potencia sino en desarrollo, que está en sus primeras etapas de crecimiento, y es tan valioso como el niño(a), adolecente, joven, adulto o anciano que existe en alguna de esas etapas de la vida del ser humano, a quien se aniquila con la muerte y “no se le interrumpe” la vida, como mencionan algunos para ocultar el drama del asesinato del hijo o de la hija en el vientre materno.

ACTUAR
Siendo justo con Dios, le amaré por encima de todo y reflejaré este amor, amándome y amando a los demás, valorando y respetando mi vida y la de los otros. Ser justo con Dios es amar al prójimo. EL SÍ A DIOS, ES EL SÍ A LA VIDA.
“El Evangelio del amor de Dios al hombre, el Evangelio de la Dignidad de la persona humana y el Evangelio de la Vida son un único e indivisible evangelio”. “Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos” (1 Jn 1,3): Anuncien el Evangelio de la Vida” (JUAN PABLO II. Evangelium Vitae 66).

Hoy pediré la gracia de reconocer que el trinomio fe, desarrollo personal y comunitario, es una expresión de la civilización del amor.
Jesús unifica el amor a Dios, a mí mismo y a los demás como mandamientos de amor, por lo mismo, el error que comete la persona que se aleja de Dios o lo rechaza, es que al dejar de experimentar el amor de Dios en su vida, corta la fuente del amor, con que debería de amarse a sí misma y a los demás.

Experimentar el amor de Dios y compartirlo con los demás es una tarea del católico, por eso, ante el error que comenten los que promueven y realizan los abortos, más que rechazo, produce en nosotros, la convicción de que los esfuerzos que hagamos para revertir esta situación tiene que estar llena del amor de Dios. Por eso una de nuestras tareas ha de ser la de orar por la conversión de quienes están a favor del aborto, propiciar políticas y acciones de apoyo a la mujer embarazada, en riesgo de abortar por la situación en la que vive su embarazo, procurar la paternidad responsable, orientar hacia la adopción y no al aborto, educar en la responsabilidad y en el amor, como elementos esenciales del recto uso de la sexualidad humana.

Seguramente que Dios te ha inspirado otras cosas más, si desea compartirlas conmigo, ya sabes a dónde me puedes enviar un correo electrónico.

Si conoces a alguien en riesgo de abortar puedes ponerlo en contacto, para que reciba orientación, con: Derechos del Concebido A.C. Tel (0155) 5207 3578. derechosdelconcebido@yahoo.com.mx

Te invito a que nos unamos en un Triduo (tres días) de oración por la conversión de los que promueven el aborto

Dios, Señor dador de Vida, ilumina la mente y los corazones de quienes alejados de Ti, niegan la dignidad y el derecho a la vida de seres humanos inocentes en el vientre materno.
Manifiéstales tu amor Señor, para que guiados por la verdad y la justicia, rectifiquen su error y se conviertan a Ti, para amar a sus hermanos.

 Concédenos a los que defendemos la vida, que amemos y oremos por los que no piensan como nosotros y que seamos valientes para ser voz de los que no tienen voz.
Santa María de Guadalupe, que bajo tu mirada amorosa, los mexicanos nos veamos como hermanos y a nadie neguemos el derecho a participar en el banquete de la vida. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
Almas de los niños abortados rueguen por nosotros.

Puedes compartir esta oración y también puedes, al término de los tres días, iniciar otro Triduo y muchos más, de tal manera que seas un apóstol de la oración a favor de la vida.  DIOS TE BENDIGA

Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. Madre María Inés Teresa Arias.

Si deseas hacerme llegar algún comentario sobre este artículo, puedes escribirme a evangelizarorando@yahoo.com.mx

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