lunes, 19 de septiembre de 2011

Meditación del 19 de septiembre del 2011

11-09-19. Lunes XXV.
Lc 8, 16-18.

LA ALEGRÍA DE RECIBIR MÁS

Mons. Pedro Agustín Rivera Díaz

Evangelio: Lucas 8, 16-18: En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público. Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener».

LEER. El texto que meditamos nos presenta a Jesús hablando a la “multitud”, de entre ella surgirán los discípulos y los apóstoles, testigos del Evangelio, quienes con su vida y esfuerzo manifestarán el Reino de Dios y transformarán al mundo. Por lo mismo, Jesús exhorta a su auditorio a que dejen que su Palabra ilumine y transforme la vida de cada uno, de cada familia y del mundo entero. Jesús también les dirigirá algunas palabras, que alguno podría interpretar como una amenaza o una advertencia, pero que más que nada, son una promesa: la alegría de recibir más en desarrollo personal, en convivencia humana, en el gozo de colaborar en hacer este mundo mejor, en la experiencia del amor de Dios y así alcanzar la Vida Eterna.

MEDITAR: Quienes escuchamos la Palabra de Dios, debemos dejar que el gozo de una mayor y mejor relación con Dios, llene de profunda alegría nuestra vida. De manera particular, quienes a través de estas meditaciones nos reunimos en torno a la Palabra de Dios, somos parte de esa “multitud” y somos sujetos de las promesas de Jesús.

ORAR: Señor Jesús, gracias porque de muchas maneras me manifiestas la grandeza de tu amor. Gracias porque me invitas a seguirte. Quiero seguir creciendo en mi fe, quiero pasar de “muchedumbre” a discípulo(a) tuyo, de discípulo(a) a apóstol, de apóstol a santo(a). Quiero Señor poner mi vida al servicio del Evangelio y así colaborar con todos mis hermanos en la misión de la Iglesia.

CONTEMPLAR: A lo largo de estas meditaciones del Evangelio, que comenzaron el 1 de agosto de este año, en tan corto tiempo, en algo hemos podido profundizar en las enseñanzas del Señor Jesús. Siguiendo el esquema de la Lectio Divina, sugerido por el Papa Benedicto XVI, nos hemos introducido por las sendas de la meditación de la oración, de la contemplación y de la acción. También hemos vislumbrado la acción de Dios, en los primeros cristianos y en los beatos y santos que confiaron en las promesas de Dios. Seguramente que esto nos ha ido ayudando a ser mejores personas y cristianos, miembros de la Iglesia Católica.

El tema de hoy, nos invita a hacer como un alto, para reflexionar lo que hasta el momento hemos recibido y a escuchar la invitación de Jesús, Quien nos promete que todavía recibiremos más. Creerle a Él, realmente puede cambiar nuestra vida.

Así sucedió con la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, misionera mexicana sin fronteras, cuya fecha de beatificación es el 21 de abril del 2011, en la Basílica de Guadalupe, a las 11:00 horas. Ella, en el día en que realizó sus primeros votos temporales, el 12 de diciembre de 1930, de labios de la Virgen de Guadalupe escuchó una promesa de la cual, hoy todos nos podemos beneficiar y sentir también el estímulo para entregar radicalmente nuestra vida a Dios, haciendo presente su amor en el mundo y además  alcanzar el gozo de la Vida Eterna en el Cielo: “Si entra en los designios de Dios servirse de ti para las obras de apostolado, me comprometo a acompañarte en todos tus pasos, poniendo en tus labios la palabra persuasiva que ablande los corazones, y en estos la gracia que necesiten; me comprometo además, por los méritos de mi Hijo, a dar a todos aquellos con los que tuvieres alguna relación, y aunque sea tan solo en espíritu, la gracia santificante y la perseverancia final”.

ACTUAR: Entraré en mi corazón y reflexionaré si estas meditaciones que he recibido vía internet, me están poniendo frente a la Palabra de Dios y si en algo me están ayudando a crecer en mi fe, a dar testimonio de ella y a ser mejor hijo(a) de Dios.

Pondré por escrito mi reflexión y en evangelizarorando@yahoo.com.mx responderé: a.- Si estas meditaciones me están ayudando. b.- En qué me han ayudado. c.- Si las comparto con alguien para así también evangelizar. d.- Si deseo ser santo(a) y colaborar con mis hermanos en la misión de la Iglesia.
Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero. M. María Inés Teresa Arias.

Si deseas hacerme llegar algún comentario sobre este artículo, puedes escribirme a evangelizarorando@yahoo.com.mx

Seguimos el esquema de la Lectio Divina: Leer, meditar, orar, contemplar y actuar.
Leer, es escuchar la Palabra de Dios y ponerla en contexto.
Meditar es reflexionar sobre lo que el texto bíblico me dice.
Orar: Es responder a la Palabra, qué le digo a Dios: es petición, intercesión, agradecimiento, alabanza, etc.
Contemplar el reto de llegar a la conversión de la mente, del corazón y de la vida, según el Corazón de Cristo.
Actuar, es mi compromiso por hacer vida la Palabra de Dios.

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